Esta resaliendo
entre un respiro y un suspiro
el último deseo.

La noche me lleva hacia ti
voy vagando entre la oscuridad
y un roce atrevido me dice que estás aquí.

Se abre la flor
con sus pétalos jugosos
acariciando la visión
y la desnudez de los recuerdos.

Recuerdos que teníamos guardados
ahora florecen de nuevo
alimentando nuestros cuerpos
arrancando el momento.

Acaricio el pensamiento
de tus besos desvelos
que se hacen boca
en los labios, y me nutro
de tu mirada carnal
mientras diseñas almenajes
con la punta de la lengua sobre la piel.

Grabo cada poro de tu cuerpo
te perpetúo en mi piel
tu aliento ahora es el mío
moldeándote a mi antojo
y en tu mirada del color de la miel
se dibuja un deseo atrevido
que al oído me lo dices bajito.

En la oscuridad
eres tu la luz
que enciende y seduce
cada pecado
que cumple el milagro
a los umbrales de los sueños,
que en el encastre de huesos
encarnas el ritmo de mis sentidos
cómplice de una estación inesperada,
en el más allá del tiempo nuestro.

Aprovechemos cada minuto
que en nuestros sueños
no hay nada prohibido
ni tampoco existe el pecado
sólo existe nuestro deseo
que no entiende de límites
donde la seducción y la pasión
van cogidas de la mano
desencadenando tormentas de placer
más allá de lo imaginario.

Este amor
reclama su compensación,
de carne y alma
resale cada cima
y te expandes sin límites
en el delirio sin tregua
de los escalofríos y de los gemidos
bajo la piel, en las venas.

Reclama su premio
y también su satisfacción
abandonando así su cuerpo
para dar paso al desenfreno
donde la respiración
ahora sólo son gemidos
las caricias son eterno alivio
y los besos el sello divino.

En la noche me refugio
en tu vivir palpitante
donde se anida el alba
de cada deseo…

En la noche te espero
aferrada a mis deseos
para tocarte sin miedo
y amarte hasta el alba…

Para respirar el aire
que respiran nuestras almas.

Para unir nuestros alientos
y vivir nuestros momentos.

© Araceli de Luna  &  Greg D.