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Esperanza de hallar
las palabras justas
e intentar escuchar
las explicaciones adecuadas,
justo después
del mes transcurrido,
y por tener siempre su razón
pretendió esconder
la furia desmedida,
contestando a lo tonto
las preguntas hechas
y la corriente llevar.

Miradas de incógnito
no supieron disimular,
la tensión les consumió
y sin saber enterarse
deformaron las contestaciones,
rumiantes por dentro
intentaron comer
su práctica alfalfa,
comidillas que espían
cada ojeada de labios,
y sin reservar el escondite
pases parcos repartió.

Nervios que florecen
atravesando los poros
que en el rostro frío,
la indiferencia marcó
el poquísimo temple
olvidado en su retina,
vieja y desechada
por incontrol deshumanizado,
que en el retaco despacho
sentarse osan.

Te despachan sin remedio
y a la calle te mandan,
pero antes recomienda
la próxima visita
ultimar los detalles,
que más tarde…
borran de un plumazo
las contestaciones pensadas,
retirando sin miramiento
las siguientes oportunidades
de seguir en la conversación.

Torpes por encargo,
porque después de lo escuchado
en sus trece continúan,
unidos de por vida
en papeles se defienden
y cortan por lo sano,
lo que en un principio
piensan pueda molestar
su dignidad profesional.

Un historial en la mano
escueto y apaisado,
ni tan siquiera la vista
levantaba del papel,
miedo a responder
y cautela desmedida
por lo que intuye y conoce,
cuentos y disparates
desproporcionan la razón
cayéndose en la idiotez,
dureza de pelar
una nuez por cerebro,
ni la mano extienden
en hierro se la convirtió.

Por querer, no pudieron
cobrarse la receta,
pues el recelo les empaña
esa mente despiadada
que intenta destruir,
la persona que enfrente
quiso contrastar opiniones,
porque mal educado
el personaje descarado
intentó engañar,
a quién por tonta
se presentó a consultar
el desprovisto desinterés,
de quién delante tuvo
y sin terminar las explicaciones
de un esquinazo despacharon.

Salita de entrada,
asientos rebajados
de extrema oscuridad,
iluminada con luces
de consulta desaliñada,
el visto y aprobado
parecían mendigar
al justo amparo,
de aquélla alfombra
roída por las pisadas
de clientes desatendidos,
que en espera de llamada
agolpados rodeaban,
bajo miradas de desconfianza
en aquél grande descansillo
desprovisto de humanidad.

Batas cortas
sin botones abrochados,
blancas e inmaculadas
pretendían engañar,
cuchicheos de sueldos
y compras de supermercado
en las recepciones imperaban,
mientras los goteros
descargaban sin sentido
lágrimas incoloras,
que a destajo despedían
sin contar el número,
pero… el nombre en alta voz
vociferaban con descuido,
tratando de aparentar
lo que en realidad ocultaban,
su propio descontento
al no detallar sus pautas.

Reírse han intentado,
pero… el miedo
al qué podrían relatar,
guardaron se su orgullo
preguntando y consultando
la proporción a cobrar,
más al finalizarse su información
regalaron el resultado
sin pedir esa tarjeta,
que su moneda requerían
y no quisieron extender,
pues el temor les acosaba
y las ideas les bailaban
en ese pequeño juicio.

Inocentes atrapan
quemándoles las imágenes,
entre dudas sin aclarar
y las arcas llenas,
convencen al atolondrado
para soltar esa pasta
que bobamente cosechan.

Ocasionalmente exponen
y al mismo tiempo
intentan convencer,
sin dejar siquiera
la duda para decidir,
aprisionan las ilusiones
estrellándotelas contra la pared,
consiguiendo al final
la visita concertar
sin permiso para meditar,
ni tiempo dan
porque la atención
acaparar intentan.

Velocidad del riesgo
parecen haber extraviado,
atacan sin compasión
olvidando el sentir,
que las otras personas
podrían intentar,
pensar con ayuda
y algo más de información,
pero las ansias del bisturí
fija sus abusivos precios
encareciendo el resultado.

Burlas parecen se escapar
de finezas instrumentalistas,
sarcasmo prodigan
y con el bronce sellan.

Salpican con indirectas
las nociones expresadas,
con insultantes provocaciones
proclaman su estudiosa
y desproporcionada astucia,
mueren sé de ganas
estrellando de golpetazo
con la puerta la cara,
pero… acaso piensan
¡que el día de mañana,
se les pueda el tortazo
rebobinar y estampar!

Hablan y hablan
y poco rato se callan,
el respeto les importa
más sólo para ellos,
los demás al abismo
pisando con el tacón
mentes con frescura
o con escasez de ideas,
flores les gustan
pero de palabra,
no aman la belleza
que a su alrededor existe,
pues los ciegos son ellos
teniendo cataratas silvestres
en ojos de ratón.

Rabia y lágrimas
su salida al desconsuelo,
no entiende el malestar
que acaparan en los despachos,
estancias que dibujan
el dolor del mañana
prácticamente diseñado,
por títeres de piedra
que en su corazón cartón
despliegan como regalo,
piensan su revista
y al estrellato con fotos
asistir a conferencias,
sin consentimiento
oportunamente secuestrado
con punzantes armas,
amenazando la pérdida
que en lo más hondo
pierden las paciencias.

Un tiro de gracia
en el entrecejo disparado,
malas artimañas
entre ceja y ceja
el espabilado destapó,
un dardo envenenado
con certero acierto
despachó tan a gusto,
que la sonrisa se le desplazó
agrietándole la cara,
y en plumero viejo
conspiró su osadía,
falso espadachín
zanjó su plática.

Crueldad barata
en sus palabras reparte,
sin mirar el daño
que al de enfrente
ocasionarle pueda.

Remordimientos en su conciencia
parece no padecer,
pues está visto
que a diario departe
las mismas lecciones.

Al no entrar por el aro
como tenían pensado,
a poco que indagues
en sus contenidos
la pupa… les duele,
y eso que no hay grietas
que puedan comportar
una posible incisión,
en un interior dañado
que es su propiedad,
pero eso… de rebajarse
y bajar del burro
no lo pueden consentir,
prefieren lanzarte la flecha
y cortar por lo práctico.

Idiotas complicados
objetos de valor,
bandas inteligentes
en el hombro se colocan
a modo de insignias,
premios mutuos
entre ellos se dedican,
cada vez que consiguen
recortar con su acento
cristales transparentes.

Referencias ilustres
para acomodar al personal
y conseguir lustrar
su peculiar monóculo,
trastocan con peligro
algo que no es suyo,
pero igual les da
nadie podrá reclamar
por aquello firmado,
así ¡lavan se las manos
y tan ricamente!
en su bolsillo guardar,
resultados sin comprobante
en minutos recuperables
tras el paso de los tiempos.

Tapiarte ansiaban
los recuerdos visibles,
por decir que no quede
el susto se llevaron
cuando la negativa escucharon,
viéndose plasmado en el muro
por la vergüenza colegial
su contestación estampó,
que a oídos llegó
y en las alturas se quedó,
nada se puede conseguir
cuando un nombre timbrado
llevan en la mente.

Palabras y frases necias
siempre has de oír,
¡no valen operaciones
para quién ciego pueda
al final quedarse!,
que por más qué
sólo el estudio interesa,
la experiencia es tangible
pero… dicho a bocajarro
intentan las apariencias engañarte,
¡cuanto más falta hace
estréllante sin condiciones!

En una sala medio grande,
te instalan con verdadero primor…
mientras la espera se hace larga,
llegan a la vez y ocasionalmente
dos asistentes con los monóculos calzados,
batas blancas a dos bandas
hombre y mujer, de roídas artimañas.

Medidores de alta precisión en bandeja
y a señales con indicaciones rudas,
intentan aprisionarte
calcándote las amenazas,
a ojos abiertos al máximo
medidas toman y al comprobar
sus tramos de equivocación,
gritos y envestidas saltan
despavoridos en todo el tramo.

¡Si no te estás quieta, no podremos tomar
bien las medidas, que has requerido!

Y, te quedas con el pasmo puesto,
sin saber a qué se refieren
pues, nadie solicitó nada en concreto.

Al final, después de preguntar
varias veces, te salen a relatar
¡si conseguimos hacer todas las medidas exactas
tú operación se podrá realizar en menos de un mes!

Y, no te caes del sillón alargado,
de puro milagro…
ya te entran mareos y miedos,
cuando te enteras de tal magnitud
que ni tan siquiera fuiste a solicitar.

Reírse quisieron y se quedaron con el pasmo puesto,
no consiguieron nada de sus planes
y por no pedir el previo permiso,
ellos mismos se ahondaron en su mismo cubil.

Tarragona, a 25 y 26 de septiembre de 2001 y 3 de noviembre de 2004.
Poema n.73/2001
©Mía Pemán